Roth y Carmen Martín Gaite

LOSHECHOS

Andaba yo dudando de si escribir un articulo o varios porque en estas últimas fechas lo que he leído han sido varios libros. Y al final me decido por englobarlos en conjunto, aunque son disímiles y distintos.

El caso es que todos ellos me han interesado, y el caso también es que podría haber esperado a terminar los otros dos que llevo entre manos.

Pero en fín, vamos allá.

El primero fueron las memorias de Philipe Roth,tituladas Los Hechos, que, como todas las memorias son subjetivas, distorsionadas y enfocando los puntos que al autor le interesa enfocar, a la vez que pasando de largo por otros. Es un libro majete, y perdonen la palabreja. Me refiero a que es interesante, ameno, se lee con agrado, no cansa, entretiene…otra cosa es que le falte un punto de acidez y le sobre un punto de amargura.

 

 

Digamos que Roth no sabe ser irónico, pero sí sabe transmitir los complejos que le han acosado toda la vida. Por ejemplo el hecho de ser judío. Por dios santo. Y vuélvanme a perdonar. Roth se duele de ser judío a unas alturas de la película en las que este hecho más que compasión suscita recelo. Y suena un poco a más de lo mismo. Me explico; quiero decir que los escritores judíos a los que he leído parece que llevan la “marca” en el alma; cualquier elemento perturbador de su vida, complejo, odio, trauma, desengaño o similar lo achacan al “hecho diferencial de ser judío”. Por ejemplo, cuenta una historia absolutamente surrealista de cuando ingresó en la Universidad y le ofrecieron entrar en distintas Organizaciones, una cristiana y otras dos judías, y entra –naturalmente- en una de las judías. Bien, pues luego explica que se salió de allí, pero es que eso es lo de menos, lo que a mí me causa una cierta perplejidad es el porqué se tiene que dar por hecho que deba entrar en la Organización. No sé si me explico. Esto es una anécdota, pero es que el libro está lleno de ejemplos similares. Hace pensar un poco en la forma de ver la vida y la forma de afrontar la escritura. Roth se pasa el libro explicando que él es “un norteamericano más”, que es “norteamericano de Verdad “y que ser judío no es lo importante”. Bueno, y si no lo es, ¿porqué es tan reiterativo afirmándolo, repitiéndolo, asegurándoselo al lector?…al lector le importa un bledo- si no es racista- que Roth sea judío, árabe o ario, es a Roth al que parece importarle en exceso.

De cualquier modo, es un buen libro y si se me permite, recomendable.

 

 

el cuarto de atras

dcm

Y después de Roth cambié de tercio y leí El Cuarto de Atrás y Dos Cuentos Maravillosos, de Carmen Martín Gaite.

Del primero se ha escrito con largueza. Yo creo que es el típico libro que Gaite se divirtió una barbaridad escribiendo. Cuenta-como todo el mundo sabe- la conversación ficticia que la protagonista mantiene una noche de tormenta con un personaje que sin saber cómo ni porqué ha aparecido en su casa. Es decir, toma como excusa una conversación para hablar de ella, de su vida, de su forma de escribir y de sus miedos, complejos, frustraciones, deseos, y también alegrías.

Un resumen-para mí algo apresurado- de su vida y de su forma de enfrentar el acto de escribir. El estilo como siempre en ella, claro, concreto, sencillo, elegante, lleno de humor en muchas ocasiones, de frase breve pero con digresiones, de vueltas a los temas, de recurrencias, la Gaite en estado puro. Ahora bien, a mí me decepcionó una chispita. Le encuentro a faltar mayor desarrollo en algún tema, como si le hubiera dado miedo profundizar. Como si se hubiera retenido pensando en que estaba escribiendo una novela y no una autobiografía. Sabe a poco en ese sentido, nos quedamos- yo me quedo- con ganas de más.

Los Dos cuentos Maravillosos, son una frivolité de la escritora. Están muy bien escritos, son amenos, entretenidos y sencillos, aunque no son de lo mejor de ella ni con benevolencia. Quizá porque en teoría son dos cuentos para niños y en el fondo los niños si los leen se iban a enterar de poco. Quiero decir que por mucho que aquí la autora haga que el lenguaje se intente acoplar a lectores infantiles, no lo consigue, hay un exceso de poesía, un exceso de alusiones, un exceso de desacoplar lenguaje a historia.

Es verdad que los niños si son buenos lectores leen lo que sea y hacen el esfuerzo, pero a mí muy subjetivamente lo que me pasa es que me da la impresión de que Gaite escribió estas dos historias para que las leyera su hija-que estaba acostumbrada a este lenguaje- y después los publicó. Y naturalmente no todos los niños son hijos de la Gaite.

A mi me han entretenido, más el segundo que el primero. Aunque no he terminado de prenderme –ni de prendarme- de ellos…

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