Archivo mensual: junio 2008

Marguerite Duras: La Dureza del cristal. ( “Cuadernos de la Guerra”)

Acabo de terminar un libro que no sé si recomendarles a ustedes, ahora que empieza “oficialmente” el verano y todo el mundo (todo el mundo que dicta la norma, claro) dice que hay que leer obras superficiales, para pasar un rato amable, que no nos compliquen la existencia y que nos hagan olvidar las preocupaciones del tiempo laboral.

O sea, mayormente, que en el verano está prohibido tener preocupaciones y si usted las tiene es que es tonto…

En fin, a lo que iba, que he leído un libro que no puedo decir que me ha gustado, porque esa no es la palabra, ni que es bonito, porque es cualquier cosa menos “bonito”, ni que me ha hecho pasar un rato delicioso, porque me ha hecho pasar un rato muy definible pero desde luego nada delicioso.

Al tiempo que lo termino, leo que un tal Grisham, muy señor mío del que no he leído absolutamente nada ni tengo muchas intenciones a cuenta de lo que de sus libros cuenta la noticia, va a publicar un “superventas”. Es decir, mayormente que ha escrito un libro por encargo para vender mucho y seguir haciéndose rico, él y su editorial, que, faltaría más, es ( lo han adivinado) Planeta.

Así que ante tal notición maravilloso, libro excelso que saca ciento cincuenta mil ejemplares a la venta, que se agotarán como los polos de limón en mi pueblo en agosto, libro que dentro de unos días “todo el mundo” presumirá de estar leyendo en la playa, en el campo y en la sierra, junto a la tumbona y la hamaca, rodeado de niños que gritan, balones playeros que atizan a los incautos, y cremas maravillosas para quemarse la piel sin pensar en que uno se la quema igual que sin la crema, pues digo, ante esto, casi ni me atrevo a decir que Los Cuadernos de la Guerra, de Marguerite Duras, es un excelente, durísimo, y lúcido libro que merece la pena lectura reposada, tranquila, sin agobios, para conocer mejor a esta mujer escritora que ejerció tanto de mujer como de escritora con una honestidad enorme.

Es un libro que no solo es autobiográfico, sino que recoge también cuentos, proyectos de sus novelas en esbozo, narraciones cortas, y que deja en el lector/a la impresión de una inteligencia clara, de una escritura sobria a pesar de su dureza; la dureza del cristal.

Esa que tienen los Escritores de verdad, no los Grisham de turno.

En él se encuentra por ejemplo una de las narraciones más conmovedoras sobre el regreso de un prisionero después de la Segunda Guerra Mundial que yo he leído. Su marido, regresa después de meses de haber sido dado por desaparecido; pues bien, el relato de cómo vuelve, de las condiciones en las que vuelve, de su agonía hasta que se recupera, se efectúa en simplemente cinco páginas. Esas cinco páginas merecerían estar en la historia universal del horror humano. Y a la vez de la dignidad del hecho de vivir.

Aunque solo fuera por esas cinco páginas el libro es imprescindible; después de leerlas no puede haber olvido, suponen un aldabonazo en la memoria.

La traducción es de María Condor, y a mi modesto entender tiene una cualidad sobre otras muchas; no desvirtúa, no disimula; la voz que leemos es la de Duras solo que traspuesta, reflejada, en eco, re-creada. Hecho que siempre es de agradecer.

 

 

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Una Frase de Amancio Prada

El domingo por la mañana desayuné despacio. Hizo mucho calor, pero mientras yo me tomaba el café aún no era tan exagerado como se puso después.

Mientras desayuno suelo escuchar la radio. Hay veces que coincide con las noticias, y entonces podría decir que casi me amarga el desayuno, pero el domingo no fue así.

El domingo coincidí con la entrevista que en RNE le estaban haciendo a Amancio Prada.

A Amancio Prada le lleva una escuchando desde los quince años, más o menos, o sea, desde la prehistoria de una. Aunque no tengo demasiados discos suyos, es alguien que siempre me gustó mucho, sobre todo su recreación de poetas, su labor de difusor de la poesía a través de la música. Una de las más bellas canciones que ha recreado es “Libre te quiero”: los que le suelen oír saben cuál digo.

Pero hacía mucho que, sin saber bien la razón, le había perdido la pista. Y entonces tuve la suerte de escuchar esta entrevista, que no duró más de un cuarto de hora, porque se iba a un recital de poesía en El Bierzo.

Pero le dio tiempo a decir una frase que me lleva rondando desde ese desayuno. Una frase que, dicha por otro, por ejemplo, dicha por mí, es decir, dicha por alguien que no  tiene peso específico ninguno en la denominada “Cultura”, puede llevar a la mayor de las carcajadas, al ” qué ingenua eres y qué estúpida” o al “no digas estupideces” con la sonrisita conmiserativa adherida.

Porque Amancio Prada dijo, sin ningún corte, profundamente convencido, y además haciendo énfasis, que:

“Todo creador persigue la belleza aunque no la encuentre”.

Y yo, al escucharle, sentí que había entrado aire fresco por la ventana abierta.

Una cosa tan simple; algo tan sencillo de decir, algo tan verdad, algo tan limpio: todo creador persigue la belleza aunque no la encuentre…

Me atrevo a afirmarlo ahora, escudándome en que lo dijo alguien que debe ser escuchado…

 

 

 

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El Lied Romántico. Federico Sopeña

 

La ventaja de no hacer mucho caso de las listas de libros más vendidos, es que una compra aquello que le interesa y no lo que le dicen a una que le tiene que interesar.

Viene esto a cuento de que acabo de terminar un libro que compré en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, recientemente celebrada en Madrid. Añado de paso que a la Feria del Libro y el Marketing no he acudido. No por falta de interés, que sí me apetecía pasar por las casetas comunitarias, sino por falta de salud; llevo una temporada que lo que menos me apetece es andar.

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Carrefour y los libros.

Que la cadena de distribución Carrefour sea en los últimos cinco años el establecimiento que más libros vende en España, según cuentan en El País, es cuando menos un espanto y cuando más un índice de la falta de criterio de los lectores.

Su presidente, Joaquín Belinchón, que yo creo que nunca se ha visto en otra, tiene el descaro de señalar que “el best seller ha puesto de moda hablar de libros”.

Lo que no explica este pobre hombre, que no hombre pobre, es cómo se hace un best seller. Eso, secreto de sumario.

El best seller significa en castellano “el más vendido”, con lo cual, los libros más vendidos gracias al marketing son los que- según este señor- han puesto de moda hablar de libros.

O sea, que si usted habla de Espronceda, de Galdós, de Turgeniev, de André Bretón o de Carlos Marzal, es porque existe el best seller.

¡Acabáramos!. Y yo con estos pelos.

El best seller lo que ha puesto de moda es comprar libros para decorar estanterías. Exclusivamente. La literatura es otra cosa, aún cuando sea cierto que a veces coincide un libro de calidad con el buen número de ventas. Pero la buena literatura no tiene nada que ver con las recetas de producción, marketing y distribución que se despliegan para este tipo de textos.

Y decir otra cosa es considerar que el buen lector es idiota.

 

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La librería Miraguano y yo…

Anduve esta tarde en la librería Miraguano; un espacio que empiezo ahora a frecuentar, ya que al trasladarme de barrio mi Librería con mayúscula me queda un poco lejos y solo voy una vez al mes aproximadamente.

Pero claro, yo necesitaba un lugar en mi barrio, es decir, encontrar una librería parecida donde poder quedarme mirando, donde saber que puedo ir solo a mirar, y donde encontrar además personas inteligentes que sean “Libreros” y no simples vendedores de libros.

Quien ame los libros me entenderá perfectamente la distinción.

Y Miraguano tiene todas esas cualidades. Es cierto; no está a una calle de casa, está a tres; y también es cierto, aún no existe la complicidad que después de 25 años hay en mi Librería, la Rafael Alberti. Pero no he tardado ni cinco minutos en llegar, la acogida es entrañable, he podido cotillear lo que me ha dado la gana, he mantenido un rato muy agradable de charla, he comprado dos libros y me han apuntado el pedido de otros dos.

He venido contenta: me faltaba algo en mi Barrio para que mi mundo personal estuviera completo; me faltaba “mi librería”. Ya la tengo.

Y ahora me sonrío levemente; se me van a disparar los gastos entre mis dos “amores”…

Todo sea por la estabilidad de mi mundo personal…

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