Archivo mensual: noviembre 2008

Ghost se nos convierte en fantasma.

ghost

Leo en una noticia de contraportada una información que salvo para algunos, va a pasar desapercibida, porque no es de estas de las que los periódicos van a poner en primera página; con la economía y la rueda de prensa de doña Esperanza tienen de sobra. Leo que Patrick Swayze tiene cáncer y que parece que éste no tiene solución. Claro, a quien le guste el cine le recordará; yo simplemente quería acordarme de Ghost. Ghost es una película de las que los críticos muy pedantes de cine dirán que es una blandura melodramática y sin interés porque no es cine “comprometido”, y porque además, ¡qué horror!, habla de buenos sentimientos. Y claro, no hay que hablar de eso, sino de cosas muy filosóficas con las que poder poner los ojos en blanco aunque no te enteres absolutamente de nada.

Ghost cuenta la historia de un fantasma al que matan y consigue que se descubra quién es el cabrón que le mata. Y además cuenta una historia de amor que va más allá de la muerte. Y además cuenta que la fe en la bondad, en el ser humano, en la ternura y en la alegría al final triunfa. Lo cual puede ser mentira pero a mí me parece muy bien que existan películas como ésta, como Qué bello es vivir, como Cinema Paradiso, como La vida es Bella, o como algunas otras similares que el lector podrá añadir en su imaginario de cine que calienta el corazón.

Y ahora, Ghost se nos va a convertir en fantasma de verdad porque el cáncer se ha adueñado del papel del malo en la película real de su vida. Pero, aunque no haya final feliz, él debe tener la certeza de que siempre sabremos que está allí, porque ya nos dijo aquello al irse: “si supieras cuanto amor me llevo”… en este caso, también se llevará el nuestro.

 

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Juan Marsé, Premio Cervantes.

¡Enhorabuena al Premio Cervantes!…

Se acaba de vestir de gala con Juan Marsé.

Hablar de Marsé es hablar de compromiso, ética, rigor intelectual, ironía, heterodoxia y libertad. De una prosa directa, clara, tersa, en la que cada nombre, cada adjetivo, cada verbo, nombra, matiza y señala.

Hablar de Marsé es hablar de una trayectoria ininterrumpida de complicidad con el decir, con el discurso real de una realidad, social y cultural a menudo vista desde su objetividad crítica.

A Marsé no le haría falta el premio, pero ¡qué falta le hacía a este país que un Cervantes se llamara Marsé!…

Su obra, no solo la novelística,  sino la crítica, es una obra en marcha, un testimonio, un afán de inexcusable rigor por explicar y explicarse, sin necesidad de explicarnos, es decir, sin moralinas, sin adoctrinamientos, sin tapujos. Desde el tiempo gris de sus obras Últimas Tardes con Teresa, Si te dicen que caí, hasta sus artículos periodísticos, Marsé atraviesa como una luz diferente, una luz que no se apaga, un tizón encendido las tinieblas en las que demasiado a menudo quieren encerrarnos con un solo juguete; como esa “linterna que rasgaba la noche”.

 

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Goytisolo por fin.

Este escritor al que hoy dan el Premio Nacional de las Letras es tan radical y heterodoxo en su forma de escribir como en su forma de decir. No voy a hacer aquí una reseña al uso del autor y sus libros, porque ya están otros blog para chulear la Wikipedia, pero sí aconsejar a los lectores que lean Juegos de Manos y Duelo en el Paraíso. Dos novelas antiguas, llenas de silencios, llenas de luz gris, de dolor de la posguerra, de miedo encorsetado. Dos novelas además de aprendizaje, de iniciación a la vida, por parte de adolescentes, en ambos casos. Y sobre todo se lo aconsejaría a la gente entre dieciséis y veinte años, lean cómo fuimos y empápense de aquella oscura luz que ni protegía ni alumbraba.

Y después, lean un libro que casi no ha tenido eco, que ha pasado medio en secreto, porque no conviene que se lea lo que alude a determinadas oscuridades; lean las virtudes del pájaro solitario, probablemente el mejor libro de Goytisolo. Un libro lleno de poesía y de dureza, un libro que anuncia paisajes muy actuales, casi proféticos, y que, miren ustedes por donde, la crítica se encargó de ningunear. Como mandan los canónes…

El Premio es un reconocimiento a un escritor que lleva toda su vida dando fe de honestidad intelectual y calidad literaria.

 

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El Motín en la Bounty. John Boyne. Aventuras de un pilluelo.

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John Boyne ha escrito una excelente novela, clasificable en el género de aventuras, y/o de viaje iniciático, con este Motín en la Bounty, que nos ofrece.

Una novela que se inicia con el robo de un reloj por parte de un pilluelo y que narra las aventuras del joven Turnstile como paje o ayudante del capitán Bligh a bordo de dicho barco, y del motín ya tan famoso que en él se produjo.

Dicho así, parecería una novela más de entretenimiento, que lo es, para pasar un rato agradable, que se pasa, e inserta en un género que siempre se ha catalogado como menor.

Pero no; aunque sea todo eso, esta novela viene a señalar que es posible narrar para adultos de un modo divertido, original, interesante y nada pedante. Aburre ya la pedantería. Aburre el escritor zangolotino, con perdón por la expresión, que escribe para iniciados y al que hay que rendir no se sabe bien qué puñetero tributo de admiración aunque sea más aburrido que las ovejas y escriba en un lenguaje para críticos de periódico importante.

 

Qué falta hacen libros así, por Dios, qué falta hace que los escritores escriban novelas o textos inteligentes, amenos, interesantes, que nos hagan perder como a don Quijote la razón y el seso mientras leemos, y que se dejen de zarandajas intelectualoides para intelectualoides reunidos Geyper.

Esta novela tiene humor, aventura, intriga, acción, unos personajes que se hacen creíbles, una trama muy interesante desde su comienzo, porque no nos tiramos páginas y páginas de divagaciones sobre “el ser en sí del sí mismo siendo”, ni hay que poner los ojos en blanco ante la “tremenda situación socio político estratégico filosófica del mundo que vivimos” mientras no entendemos zote pero presumimos de leer “al Gran Intelectual”.

Esta novela solo nos pide que la leamos, que nos metamos en la piel del pilluelo, del pícaro, a la manera de un hermano de Oliver Twist, al modo de un semejante de Tom Sawyer, a semejanza de un héroe de Julio Verne, que compartamos mesa con el capitán Bligh, que nos enfademos con el señor Fryer, y que disfrutemos, caramba, que de eso se trata cuando leemos un libro: de disfrutar.

 

 

 

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Recuerdo de un encuentro. (Rosa Chacel en 1976)

Doña Rosa Chacel llegó a la Fundación Juan March precedida de dos sargentos de granaderos en forma de familia, y de una cohorte de funcionarios absolutamente imbuidos de su importancia de funcionarios. Con lo cual a los pobres auditores de aquella conferencia congregados a la espera de que abrieran el salón de actos se nos dijo que hiciéramos el favor de pasar y no arremolinarnos.

Y pasamos, claro está.

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Carlos Fuentes y la ideología.

Aunque en Alenarte Revista hay un articulo mío sobre el libro de Fuentes, la voluntad y la fortuna, quería yo aquí reseñar un poco más digamos personalizadamente una cierta decepción que me ha causado su lectura.

Por mejor decir la cesación en su lectura. Es decir, que restándome unas doscientas páginas he cerrado el libro y he decidido no terminarlo.

 

 

 

 

 

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