Archivo mensual: febrero 2008

Felipe González conocedor del idioma

 

Una es delicadísima…líbreme san Cosme de proferir aquí exabruptos gordos, vaya a ser que me desestabilicen la paginita…

Pero, sí que me permitirán ustedes felicitar efusivamente a Felipe González por su exactísima definición del señor Aznar.

Que a una le gusta mucho felicitar a quienes definen con tal rigor y economía de lenguaje, y, además, como es el caso que nos ocupa, acertando de lleno.

 

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Alubias con almejas.

Ya es hora de descender a lo vulgar, prosaico y sencillito, digo yo.

Pues que nos hemos comido unas alubias con almejas esta mañana los cuatro que para qué las prisas.

Los cuatro hermanos digo.

Y bueno, dirán ustedes, haga usted el favor de escribir un blog con clase, y no nos cuente su vida.

Pues no me da la realísima gana y además “saludo a mi primo que me estará leyendo”.

Al hilo de la comida y al hilo de este escrito, andaba pensando hace un rato lo pedantes que nos podemos llegar a poner en un blog para contar la cosa más normal del mundo.

¿Se imaginan que en vez de contarlo así, hubiera puesto: “Esta mañana celebramos una reunión gastronómica los cuatros descendientes de la familia…con el loable fin de vernos y recuperar el placer de la conversación”?…

Pues así hablan todos los políticos, dicho sea de paso, y encima los aplauden.

Ay que carape, pues las alubias estaban riquísimas. Y ya aprovecho y le doy publicidad al restaurante Sagasti, que se come de cine. Está en la calle Mártires Concepcionistas, entre Ayala y Alcalá; es una cafetería con restaurante tanto en su entrada como en el piso bajo. Se come bien, a buen precio, la atención es tranquila, discreta y sin estorbar al cliente. Y no hay bullicio ni prisas; es decir, que no estorba la gente que hay, y además no te atosigan con la hora para que te vayas. Siento no haberme llevado la cámara, porque hubiera sacado una foto para que ustedes lo vieran.

Así que si fuera político diría eso de que “la reunión dio los frutos esperados, y se consiguieron avances notorios”; lo que viene a significar: “nos pusimos como el quico y nos reímos mucho charlando que era de lo que se trataba”.

Prosaica que es una.

 

(Por cierto…con el título del artículo si los buscadores de google no me encuentran es que son idiotas: ya me imagino aterrizando por aquí a todos los buscadores de recetas…ejem)

 

Otra post data para “torpes”. Tienes que clikear, en  comentarios, y pon el correo que si no no sale…

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“Buenas noches y buena suerte”…

 

Algunas veces me pregunto si los locutores y periodistas de este país tienen lo que se llama memoria de su propia profesión, o si se han molestado en leer algunas cosas, o si desconocen por completo la historia del periodismo, ya sea porque no les dan clase en la Facultad de modo conveniente, ya sea porque se limitan a manuales o ya sea otros porque no son periodistas de profesión.

A mí me gusta mucho Manuel Campo Vidal como periodista, y me parece sensato, coherente, inteligente y creo que es además periodista de profesión. Es decir, que no es un advenedizo.

Pero decir que la fórmula de Zapatero para despedir su alocución en el debate del otro día “fue original”, es desconocer que esa era la fórmula habitual de despedida de un programa americano nocturno allá por los años cincuenta, por un popular locutor de la época. El periodista se despedía con la frase “buenas noches, señora Dallowan[ creo recordar que se llamaba así, pero esto ya no lo aseguro], y buena suerte, donde quiera que esté”.  Y el periodista que la usaba era Edward R. Murrow.

La frase “buenas noches y buena suerte” se hizo famosa en EE-UU., y recorrió la noche americana durante más de veinte años. Y después muchos locutores la usaron en homenaje a su compañero, cuando éste murió. De hecho hay una película basada en los hechos, en pleno auge del Mcarthyismo.

Me figuro yo que Campo Vidal conocerá estos datos.

 

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El Debate Rajoy-Zapatero

 

Debo ser rarita.

Es que a mí los debates me aburren mucho.

Bueno, pues eso, que no he visto el debate. El debate del siglo, del milenio, el debate más debate de todos los debates que en el mundo han sido.

Y me parece que este tipo de debates a quienes ya sabemos lo que vamos a votar nos sirven de poco, es decir, que los debates, en el fondo, se hacen para los indecisos.

Me pongo en la piel de un votante del PP. Me juego el cuello a que sus reflexiones son más o menos: “qué bien ha estado Rajoy, bueno, ha tenido algún fallito, podía haber insistido en esto, en lo de más allá, pero en general, qué seguro, que claro.” Y ahora el del PSOE: “Qué calma transmite Zapatero, qué tranquilidad, a pesar de algún fallo que ha tenido,  no ha entrado a las acusaciones-las mismas de siempre- qué bien le ha respondido poniéndole delante de los hechos, y hablando de futuro, y del tema social, que el otro ni tocarlo”.

Más o menos.

Escuchamos – los votantes que ya sabemos lo que vamos a votar- lo que entresacamos y nos reafirma en las ideas. No el debate.

Ahora bien, los indecisos, la gente que no tiene claro qué votar, ni siquiera si van a ir a votar, ¿habrá sacado algo en claro?…Eso es lo que me pregunto. Porque quizá esos, precisamente esos, no han visto el debate pensando en la frase típica: “¡para lo que me van a decir…si son todos tal para cual!”.

 

“Lo cual que”, es muy de agradecer que haya debate porque es una virtud de la democracia, el poder confrontar ideas, pero me da que no sirve para nada.

 

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Bardem. No es país para viejos.

 

Pues le han dado a Javier Bardem el oscar al mejor actor de reparto, y nosotros que nos alegramos mucho.

Y nos alegramos mucho porque parece que ahora está de moda lo contrario: hablar mal del cine español, de los actores, ponerlos a caldo porque apoyan muchos de ellos el canon, decir que son unos aprovechados de subvenciones y unas cuantas estupideces más.

Dijo algo Bardem que es cierto, y es su referencia a los cómicos, a dignificar el oficio.

Deberíamos aprender que ser actor, ser actriz, dedicarse al cine o al teatro en España es una larga tradición que se mantuvo a costa de trabajo, sufrimiento, dolor y en muchas etapas de nuestra historia de condiciones penosas. Que los dedicados a este arte, porque actuar es un arte, como dirigir, o crear guiones o hacer la fotografía de una película, o los decorados en un montaje, tienen todo el derecho del mundo a ser respetados, queridos y estimados, y como en este caso, aplaudidos porque se han llevado un premio.

Deberíamos saber que el mundo del cine y el teatro en épocas de dictadura ha sido una importantísima parte en este país para la lucha por las libertades, y no sólo de las suyas, sino de las de todos los españoles, que se han enfrentado siempre a las mordazas, que gentes como la familia Bardem, como Fernán Gómez, como otros muchos, han estado siempre a favor del espectáculo, a favor de la libertad, a favor del arte. Que no se han callado nunca, que son quienes con sus creaciones y con sus opiniones han mantenido en muchos ámbitos nuestra fe en la creación y en la libertad.

Pero éste, “no es país para viejos”.

 

Enhorabuena Bardem.

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Pensión completa.

 

Por acabar el día con algo ligerito, y que mañana se desayunen mis lectores con una sonrisa:

Leo en la edición impresa de El País de hoy, en su suplemento de El Viajero, un reportaje subliminalmente publicitario de los diversos cruceros que se pueden hacer por los españolitos de a pie.

Es decir, por los españolitos que El País considera de “a pie”…

Porque claro, un crucero viene a costar entre 500 euros lo más baratito y siete mil, aunque hay alguno de más “nudos” monetarios (por seguir con la terminología).

Pero no es esto lo que me ha hecho reírme a carcajadas, sino que todos los cruceros se anuncian con “pensión completa”…

Y una se imagina al viajerito de a pie, ese que piensa  El País que tiene los siete mil euros para el crucero, o sea, el vulgar…tirándose por la borda para cenar pescado porque no quiso contratar la “pensión completa”…

Es una joyita el artículo publicitario: está lleno de cosas similares a estas; ocho días en la costa italiana (cito de memoria) viendo ocho ciudades; una no sabe si en bañador, o sea, llegada, lanzamiento al agua, desembarco, secado, fotito y vuelta nadando al barco que se marcha a por la otra.

Ya sé que hay gente que hace cruceros, por supuesto, pero de verdad que leyéndolo me parecía cuando menos divertido imaginar al funcionario o currante de turno, leyendo el mismo artículo y diciéndole a su maripuri: “chata, esto es lo nuestro”…

Y  a pensión completa: ¡El no va más!…

 

Estos publi-reportajes que pasan por artículos para gente culta y que “goza del ocio”, son la muestra de lo que deben hacer los periódicos para sacar pasta. He perdido la cuenta de la cantidad de agencias de viajes, tours operators y grandes almacenes que se citan en el panfletito; eso sí, agradecidísimos todos a la publicidad; por supuesto nunca gratuita, sino pagada a precio de oro.

Que ustedes lo naden bien…

 

 

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Joachim Fest: Jo, no y la paradoja.

Leo, en catalán por una simple cuestión de que llegó primero en este idioma y no en castellano, a Joachim Fest, y su libro Jo, no.

Ojeando de modo superficial el libro, uno podría pensar que es un escrito más acerca de las vivencias en la época hitleriana y en la posguerra.

Sin embargo el libro es bastante más que un relato subjetivo de los hechos. Es una explicación bastante objetiva e incluso distante del porqué todo un país fue capaz de olvidar la racionalidad y caer en el estado de bestialidad colectiva que trajo el dominio nazi, no solo en Alemania, sino después en Europa.

Fest escribe en primera persona para darnos cuenta y fe de vida de una familia, la suya, y de unas relaciones en Alemania, que pudieran ser muy generales, muy aplicables a lo que se denomina clase media culta de la época.

Una ciudadanía que transitó por la política obviando lo obvio porque “no era posible que fueran a hacer tales cosas, no llegarán a tanto”.

Pero llegaron. A eso, y a mucho más. Y Fest se interroga continuamente por las causas finales y por las consecuencias posteriores de ello, analizando el sentimiento de culpa, y las relaciones a que esto condujo.

Hay en el libro una sensación de resignación fatalista. Como si Fest dijera entre líneas que “Alemania estaba abocada a este camino”, que las gentes vulgares, sencillas y corrientes simplemente se dejaron llevar, que ninguno pudo terminar de creer los horrores nazis hasta muchos años después. Es un libro difícil de, digamos, digerir; por ejemplo, la derrota de Alemania, que para el mundo libre significó la derrota de Hitler, el terminarse una vergüenza indescriptible, para él, que también está de acuerdo con eso, significa además la derrota de Alemania como nación. Y aquí es donde se me produce a mí esa sensación de paradoja que cito en el título: Fest de modo inconsciente, cuando habla del final de la guerra se siente derrotado; es más alemán- por así decirlo- que ciudadano.

Esta es la paradoja de un, por lo demás, excelente y muy inteligente libro, que sin embargo deja al lector un cierto regusto de amargura.

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