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Juán José Millás y los pisos

 

A veces una lee cosas raras. Y claro, las pone en su blog, porque si las pone en otros sitios inmediatamente lo que surgirá será la descalificación de algunos que ni leen, ni saben leer, ni quieren leer, ni van a leer, sino a ver cómo llaman la atención y marean la perdiz.

Así que lo cuento aquí, en este blog tan borde, tan tremendo y tan egoísta que solo acepta el comentario respetuoso y no los escupitajos.

Y he leido esta mañana en la edición impresa de El País que Juan José Millás se queja nostálgicamente de que la gente ya no vive en pisos grandes donde las cosas- por así decir- tengan su acomodo; dice Millás que los pisos antiguos, de quince metros de pasillo eran una delicia y que en ellos había como un poso de vida vivida. Viene a decir esto.

Bueno, y sí, yo no le voy a discutir a Millás esto, sobre todo habiendo yo vivido en un piso de 146 metros cuadrados con nueve de pasillo.

Pero me dejará Millás que le diga que, uno, para tener un piso así, o hay que tenerlo como herencia de los abuelos ( mi caso), o hay que ser millonario, al menos lo que no se puede ser en ningún caso es mileurista, y dos, que un piso así exige algo de lo que Millás no parece percatarse o que pasa por alto olímpicamente: limpieza. Y a no ser que usted tenga el dinero suficiente para que le limpien el piso lo tendrá que hacer usted, y lógicamente si trabaja, le va a costar el triple el piso con los quince metros cuadrados de pasillo a la hora de fregar el suelo.

No sé yo qué mundo conoce Millás a la hora de la habitabilidad de los pisos, pero, entendiendo que su escrito es un ejercicio de nostalgia, también es un ejercicio de inocencia que para qué las prisas.

O de inconsciencia, que sería peor.

 

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El Color de los días

Inicio de semana. Todos los inicios de semana son siempre un poco deprimentes, como si esperase un camino largo hasta que llega el viernes y hubiera que atravesarlo. No en mi caso, que disfruto de los placeres de la jubilación, pero sí me ha quedado el residuo del “día lunes” sin poderlo remediar. Algún día, se me ocurre ahora podríamos hacer una especie de adjetivación de los días de la semana, por ejemplo, con colores, en mi caso para cada día hay un color, por ejemplo el lunes es gris, el martes verde oscuro, el miércoles gris claro tirando a azul, el jueves gris marengo, el viernes azul claro, el sábado morado tirando a rojo, y el domingo amarillo-naranja…

No sé si será cuestión de asociar ideas o sentimientos, con colores, pero en fin, ahí queda. Hoy ha sido un lunes de viento y nubes por la mañana y de viento sol y frío por la tarde. Así que discurrimos entre el gris y el amarillo. Casi como si con un solo día nos hubieran hecho pasar todos los colores que decía.

Ya me dirán si sus colores se parecen o si tienen ustedes otros…

No se extrañarán del titulo del artículo…

 

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Primaveral.

Cerrando día ( ya es horita), después de pasar del frío seco a la lluvia a lo bruto, al casi granizo ( digo casi porque no me atrevo a jurarlo por Snoopy) a eso de las doce del mediodía ( aunque la veterinario a la que fui a comprar comida para el chucho me aseguró que sí, que era granizo), al sol de la sobremesa y casi calor, y después otra vez vuelta al aire frío y las rachas de lluvia ( eso debe ser lo que los meteorólogos de la tele llaman ” chubascos ocasionales”) durante la tarde, una se pregunta si tendrá serenidad para elegir la ropa adecuada cada dos horas aproximadamente.

Hombre, que yo comprendo que estemos en primavera, pero de verdad que si tengo que andar mirando al cielo cada vez que salgo a la calle porque la improvisación climática es cada vez más evidente, me va a dar un mal yuyu…

Dicen que el fin de semana vendrá lluvioso…

No se si sacar el chubasquero o el parasol.

Lo que sí hemos ganado es en conversaciones. Con esto de no saber nunca si vas a tener que refugiarte en el portal del vecino, o pararte a medio camino a quitarte el jersey, terminamos hablando con quien está en las mismas, perdiendo timideces y compartiendo lluvia en el ladrillito de acera que tiene marquesina…

 

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Emigraciones

 

Me cansa mucho la gente que va de algo. Me harta mucho la gente que adopta poses, actitudes y pronunciamientos o falta de ellos como si estuviera en un teatro esperando que les aplaudan. La gente que pretende, saber, conocer, enterarse, y si no lo consigue, oohh,  Mon Dieu…sacrosanta indignación de no ser los elegidos. La gente que no reconoce errores y justifica siempre los mismos echando balones fuera, la gente “semi”, “semiamiga, semiconocida, semisimpática, semiafectuosa.

Me harta el rollito malo del “se va a enterar”, “ahora verá quién soy yo”, “le voy a demostrar que…”, “hazte valer y que no te pise”…

Una pasa de todo eso. Cuando se produce, simplemente emigro. Emigro de esa gente. No son sanos, ni inofensivos ni limpios.

A veces la gente con sus comportamientos, con sus indirectas directísimas, con sus “sí, pero a condición de que”, me parece que no entiende que por ese camino no me encontrará nunca.

Los silencios ofendiditos, los “hay que ver cómo te portas”, los “quién lo pensaría de ti”, los “cómo puedes hacerme esto”…

Me parecen pura caradura de chantajes morales.

No sabe una porqué será, pero ¿se han fijado en que detrás de cada frase de esas que digo hay una Tasa ?…

A una ya le viene de sobra la actitud dignísima de quien no tiene nada que ofrecer salvo condiciones para.

 

 

 

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Pensamientos perrunos

Tengo al perrillo mirándome con cara de “yo soy pequeñito”, porque le acabo de echar una regañina, que se me come el edredón de la cama y voy a tener que comprar otro.

Me mira, después de haber venido a pedirme perdón de la única manera que se le ocurre: subiéndose encima, apoyando la cabeza en el estómago y dando una especie de quejiditos mezcla  de “yatehasenfadao” y ” noloharémás”…

No le digo nada, pero pienso -menos mal que él no lo sabe- que al fin y al cabo el pobre edredón tiene más de quince años, y que ya es hora de tener uno nuevo, así que hasta me viene bien.

Pero claro, ese lenguaje no lo voy a usar con el chucho. Me arriesgo a que con la excusa pretenda comerse todo lo “viejo” que pille por casa…

Así que le dejo que haga arrumacos, y solo al ratito le digo guapo y lo acaricio:

La reacción es fulminante: empieza a mover la cola, me tira dos lametones a la nariz, y me mira como diciendo “bueno, entonces, ¿puedo seguirme comiendo el edredón?”…

Le chisto. Y, como se da cuenta, remolonea y se echa en el suelo, para demostrarme que es un santo pero que yo no quiero reconocerlo.

Y acabo pensando si será de verdad un santo o en realidad un viva la virgen que se aprovecha de que la santa soy yo…

 

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Mercadeo

 

La noticia sería una magnífica noticia, y sobre todo sería un avance y una esperanza. Tal cual la noticia dice: “Un traje cibernético permite a las personas con parálisis volver a correr”.

A veces me da vergüenza ajena. Lo siento, quizá me equivoco, quizá mezclo conceptos, pero una lee la información y ve a un japonés sosteniendo unos pesos ( o algo parecido) con cara de jilipollas, y lee que hubo una presentación maravillosa de un engendro que pesa 20 kilos y que podría “ayudar” a cierta pequeña movilidad a personas “discapacitadas” porque “no hay que hacer mucho esfuerzo”.

Es decir, que al tetrapléjico que ya soñaba con, al menos, poder ir de la silla a su cuarto y de su cuarto a la silla, se le caen los palos del sombrajo. Pero es que, además, el artefacto da grima. Una se imagina al discapacitado, enfundado en eso ( además de posiblemente en otras cosas que ya use o tenga que usar) y a la visita tan rica diciendo: “qué estupendo, con eso mueves muy bien el dedo gordo del pie”, mientras él, resopla.

Lo que causa asco de estas cosas es la publicidad del asunto, la tramolla, el escarnio de la presentación, la cara de imbécil del japonés, la sensación de mamoneo a costa de tanta gente que sufre.

Nunca Cajal, ni Albert Schweitzer, ni tantos otros descendieron a estas cosas.

Pero ellos eran irrenunciablemente humanos…

 

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Discusión surrealista

“Me gustaría que aclararan mis dudas, porque no veo claro cómo se hacen las cosas, y antes de estos cambios me aclaraba mucho más”…

“Aprenda inglés, lea las instrucciones, escriba a Supportt, caradura, deje de preguntar”…

“agradezco la información y sobre todo la amabilidad, pensé que se podía preguntar respetuosamente”.

“Aquí nadie ha faltado al respeto a nadie. Aprenda inglés”.

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