Escritura y nido

 

A Picasso, que era un maestro, le preguntaron una vez si pintar era difícil.

Su respuesta es muy conocida; dijo que era facilísimo o imposible.

Viene esto a cuento porque muchas veces me preguntan a mí, que no soy un genio si escribir es complicado o fácil, y, parafraseando al pintor me dan ganas de contestar lo mismo.

Escribir o es imposible o lo que es imposible es dejar de hacerlo.

También me preguntan para qué escribo, como si escribir tuviera un para qué.

Yo nunca he escrito “para”, he escrito “porque”.

Porque no soy persona si no escribo. Podría decir.

Por eso a veces me entra cierta melancolía- diciéndolo muy suavemente- cuando leo blog, o escucho comentarios, y son del tenor de “estoy aprendiendo a escribir en un taller literario”.

A escribir no se aprende. Se nace con las palabras o no se nace. El resto son ejercicios escolares, por mucho que los vendan bonito. Si usted tiene que pensarse qué adjetivo le conviene a una tarde gristardeciente, o qué verbo usar para decir que un buen señor está floripondeando, déjelo. Porque le enseñarán la receta para conocer la teoría, pero nunca podrá apresar el temblor de la belleza en las alas de un pájaro agrisado que se acaba de enlluviar porque no encuentra el nido.

 

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