Respondón

 

Desde que era pequeña me ha cabreado profundamente la estúpida manera que tiene muchísima gente de tratar a los niños.

Lo he sufrido conmigo, ya digo, cuando era cría, y desde mis seis o siete años recuerdo que miraba al payaso que me hablaba como si yo fuera idiota o como si estuviera (él o ella) por encima del bien y del mal pensando en que podía darle la vara a su señor papá en vez de a mí. O al menos dejarme en paz.

Hay dos conceptos para tratar a los críos que – parece por lo que oigo- siguen vigentes en mucha gente; uno es el de que el niño es tonto y hay que tratarle como si fuera tontito, decirle gugu, hablarle con voz artificial, hacerle cucamonas para que se ría como si fuera un juguetito que cuando le aprietas pita, eso cuando es bebé, y otro que el niño sigue siendo tonto y además no tiene que tener ninguna opinión salvo la nuestra, y entonces le damos consejos con voz meliflua; ” hay que comerse las patatas para hacerse muy grande”, tienes que compartir el juguete con tu hermanita porque eso hacen los niños buenos”, ” a los abuelitos hay que tratarlos con respeto”…y eso aunque las patatas estén saladas, la hermanita sea una aprovechada o los abuelitos sean unos plastas de consideración.

Cuento esto porque esta mañana, paseando con el perro venía una mamá de éstas, una Mamá con ínfulas de Mamá, una Señora Mamá, puestísima, Responsabilísima, requeteMamá, en fin, diciéndole a una criatura de no más de cuatro años a la que estaba regañando: “¿Tú que quieres ser, un niño vago, o un niño trabajador y responsable?”, y el niño con una media lengua de trapo dijo: “Un niño tabajaor y desable”, claro…

Valiente jilipollas…la madre, claro, no la criatura, que no tiene ni pajolera idea de lo que le está diciendo su madre, sino que solo quiere que mamá no se enfade y dice lo que conviene (a la mamá) ya desde pequeñito.

Pues no, mire usted, querida meliflua estúpida, su niño lo que quiere es ser niño. Y que usted le deje serlo, y que no le llene la cabeza con mariconadas de lo que es ser buenísimo, guapísimo, encantadorísimo, la gloria de la casa siempre que haga lo que diga usted.

A mí en casa nunca me dijeron estas estupideces; no crecí oyendo a mis padres con estas chorradas, y aprendí bastante más de su comportamiento en la vida que de palabras vacías. Pero cada vez que venía alguien con esta mentalidad y empezaba con la letanía veía a mis padres sonreírse y decirme “anda nena, vete a jugar”, para librarme del plasta. Por eso me cabrean tanto cuando las escucho en boca ajena, y hoy, me han dado ganas de pararme y decirle  a ese Modelo de Virtudes en forma de SuperMamá: ” Ojalá y le salga respondón”…

 

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