Martin Luther King: Memoria de nuestra generación.

 

Entonces no me dí cuenta de lo que representaba para la paz y para un mundo que, justo en aquellos instantes estaba en plena ebullición de lo que sería mayo del 68, la revolución de las flores, el movimiento hippy. Un mundo en el que Che Guevara, el Comandante, sería para luego y para siempre un referente, un encender de velas al escuchar su nombre, un lugar en el que empezó a surgir de una vez aquel entusiasmo, aquella forma de ser, aquella música, aquella primavera, y estaban Sartre, y Camus, y Joan Baez, y “if i were a carpenter”, y Bob Dylan…

Y entonces mataron a Luther King. El defensor de los nuevos humillados y ofendidos de la tierra, el nuevo soñador de un mundo diferente, de un futuro diferente.

A Luther King, que defendía que aquella mujer negra, cansada, pudiera sentarse en el autobús en los asientos reservados “para blancos”. Porque entonces, los negros no podían sentarse donde se sentaban los blancos. Y parece mentira tener que recordarlo. Parece mentira hoy decir que los negros eran el objeto del desprecio y la humillación en esa “tierra para todos” que decía – y sigue diciendo- ser América.

Y lo mataron, sí. Porque prometió la Tierra, la Tierra Libre a los desheredados, a los miserables, a los que nadie nunca escuchó- y sigue sin escuchar- salvo para humillarlos.

A través de su muerte supimos que había un lugar donde habitan los sueños y que se llama Utopía.

Y llegó Mayo, y el Che, y  Joan Baez, y Cuba, y las velas, y París, y Sartre, y Camus, y unos años después José Afonso y Grandola Vila Morena.

Entonces, no me dí cuenta, porque yo tenía ocho años, pero fui-fuimos- creciendo con ellos, con su ejemplo, con su entusiasmo, con sus banderas. Y cuando en España nos hablaron del “Desencanto”, a fines de los ochenta, nosotros, los de entonces, que ya no éramos los mismos, cantamos if i were a carpenter.

 

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