Perdiendo el tiempo

Estoy con catarro y para los convencidos de que nunca hay que perder el tiempo este sábado mío sería un pecado.

Porque solo he dedicado mi tiempo a perderlo en cosas que me gustan.

Desayunar despacio, salir con el perro, pisar algún charquito de agua de lluvia, comer relajadamente, leer un buen libro, quedarme medio dormida en el sillón de mi cuarto imitando a mi madre que seguía esa buena costumbre todas las tardes, escribir un rato, mirar cómo llovía.

¡Ah!, y comprarme una torrija en el bar de enfrente, que, mire usted por donde se me ha antojado.

Terrible, ¿verdad?; qué poco práctica que soy…

Una chica definitivamente echada a perder…

Siempre me pregunto porqué tiene más cara de felicidad la gente que pierde el tiempo que la gente que lo aprovecha tanto que no tiene tiempo para sí misma.

 

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2 comentarios

Archivado bajo Del vivir habitual

2 Respuestas a “Perdiendo el tiempo

  1. Mmm, qué lástima, oye, tan joven y ya echada a perder, y además por tirarse a la bartola y hacer de su capa un sayo, bueno, al menos la torrija estaría riquísima, porque qué culpa tenía el del bar de que la clienta estuviera echada a perder, a él lo que en verdad le importaba era vender la torrija y si encima tiene a la clientela satisfecha pues miel sobre hojuelas… Oiga, ¿pero no eran torrijas? Bueno, pero también podían haber sido casadiellas y si me apura usted hasta rosquillas de anís o bollos suizos, vaya usted a saber… Y qué tal churros con chocolate?… Y hablando en plan gastronómico ya que le gusta a usted tanto: ¿Por qué no se va a freír espárragos?… Voy, voy si usted me promete una torrija para el postre…
    Ay, señor
    Emma

  2. Senior citizen

    Pues pamí que las torrijas son bien prácticas….

    (Y yo me he quedado sin ellas este año por causas ajenas a mi voluntad)